Suena el despertador y me anudas la corbata de los lunes grises, de los martes tristes. Y todos los miércoles son ceniza, reconstrucciones del bombardeo de la monotonía. Ahora que los besos son saludos que lanzas al aire, que las palabras te atraviesan en silencio, que el café es un arma que se sirve en la cocina con las malas caras de los buenos días. Ahora que cambiamos las notas de amor por los extractos bancarios, que no hay nata en la nevera, ni carteros, ni medio segundo de nueve semanas y media. Ahora que nuestros pies se disculpan si se encuentran, que miramos cada uno al lado opuesto de la cama, espalda contra espalda. Ahora que me escapo sin moverme.
Ahora.
Archivado en: cosas que mal llamo mías