Nunca va a amanecer

“y en cuanto acabó de zurcir las heridas de las noches mal dormidas llegué yo y le llené de flores el jergón para los dos, sin espinas, de colores, que se rieguen cuando llore y cuando no, las sulfatamos con nuestro sudor, y me confesó, cuando quieras arrancamos que en las líneas de la mano [...]

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